Capilla de Sant Jaume de Castelló

Consolidación de una Capilla en Olesa de Montserrat, Barcelona

La Capilla de Sant Jaume de Castelló se manifiesta hoy como una arquitectura afuncional, reducida a su condición material mínima y profundamente ligada al paisaje que la ha sostenido durante siglos. El proyecto asume la ruina como estado definitivo, capaz de activar nuevas relaciones entre arquitectura, tiempo y territorio. La intervención renuncia explícitamente a la restitución formal, optando por una consolidación austera que preserva las deformaciones acumuladas como parte inseparable de la historia constructiva del edificio.

El proyecto desplaza el foco desde la lógica del uso hacia la de la permanencia, proponiendo una arquitectura que garantiza su continuidad en el territorio y afirma su existencia como una presencia crítica en el territorio.

En una de las curvas de la riera que lleva su mismo nombre, sobre una colina escarpada, se eleva la Capilla de Sant Jaume de Castelló. Desde su emplazamiento, domina el río de Sant Jaume y el paisaje, estableciendo una relación directa con el territorio que se mantiene hasta hoy en día.

 

Situada en el término municipal de Olesa de Montserrat, al límite con Viladecavalls, la capilla forma parte de un conjunto histórico más amplio, el Mas de Sant Jaume de Castelló. Esta masía, documentada desde época medieval, se ha ido estratificando durante siglos como resultado de la ocupación agrícola del territorio circunstante. Este enclave, situado en un punto elevado del paisaje, fue tradicionalmente una de las etapas del peregrinaje hacia Montserrat. La capilla, junto con otras ermitas del entorno, marcaba una pauta en el recorrido devocional, funcionando como lugar de culto y de encuentro en fechas señaladas, especialmente durante la festividad de Sant Jaume. Su relación con el territorio, además de física, tiene connotaciones culturales y simbólicas.

 

El edificio conservado hasta hoy corresponde a una construcción levantada entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII, probablemente sobre restos de una edificación anterior desaparecida a causa de un desprendimiento asociado a episodios de riadas. Pese a encontrarse dentro del ámbito de la masía, la capilla es accesible y puede visitarse, manteniendo su condición de lugar abierto al territorio y al recorrido paisajístico que históricamente la ha definido.

 

La capilla está constituida por una sola nave, con ábside poligonal orientado al norte y fachada principal al sur, a la que se añadió una sacristía en 1764 y diversos contrafuertes a lo largo del tiempo. La fachada principal se caracteriza por una puerta resuelta con un dintel de sillares rectangulares cuidadosamente trabajados, detalle que se repite en las esquinas del edificio. En la parte superior se erige una pequeña espadaña y, ligeramente desplazado, un rosetón de obra calada que introducía la luz en el interior de la nave, matizando la austeridad del conjunto. En el resto de los paramentos se combinan piedra, ladrillo y guijarros de río, configurando una fábrica heterogénea que evidencia distintas fases constructivas y sucesivas reparaciones. En la parte inferior del ábside, el muro sobresale levemente respecto al resto del perímetro, indicio de una posible etapa anterior sobre la que se apoya la construcción actual.

 

En el interior, aún se reconocen fragmentos de una moldura perimetral que recorría la nave, restos de revestimientos y una pequeña abertura junto al ábside. Un arco de ladrillo cerámico que sostenía la cubierta a dos aguas domina aún hoy el espacio interno de la nave. El suelo original, de piezas cuadradas de arcilla cocida, se encuentra hoy en estado de deterioro por la mayoría de su extensión. En el momento anterior a la consolidación, en el suelo yacían restos del antiguo techo desplomado.

El incendio de 1936, el expolio posterior y décadas de abandono redujeron progresivamente la capilla a su estructura esencial. Hoy permanecen en pie los muros perimetrales de mampostería, la espadaña, algunos restos de pavimentación y un gran arco cerámico interior que antiguamente soportaba la cubierta, hoy desaparecida en su totalidad.

 

El estado actual del edificio es el resultado de una degradación prolongada y activa. La topografía del terreno, con una pendiente acusada hacia la riera, ha favorecido el desplazamiento de los muros, generando grietas profundas y desplomes, especialmente en la fachada sur y en los encuentros con los muros este y oeste. Antes de la consolidación, el arco interior se mantenía en pie en una situación límite, con la clave severamente dañada y trabajando con una sección resistente realmente mínima.

 

 

Consolidar para no perder 

Ante el avanzado estado de deterioro, los actuales propietarios han decidido impulsar una intervención de consolidación urgente, con el objetivo de evitar la pérdida definitiva de una pieza clave del patrimonio rural y del paisaje histórico de Olesa de Montserrat. La actuación responde a una voluntad clara: preservar lo que aún permanece en pie, sin transformar ni reinterpretar el edificio, asumiendo su condición de ruina.

 

El edificio está inscrito en el Catálogo del Patrimonio Cultural Catalán y catalogado como BCIL (Bien Cultural de Interés Local).

 

El proyecto se limita a la nave principal de la capilla y no incluye la sacristía lateral. No se plantea una rehabilitación ni la recuperación del uso litúrgico o funcional, sino una consolidación estructural básica que permita detener el proceso de degradación y garantizar la estabilidad. Uno de los criterios fundamentales de la intervención es no forzar al edificio hacia una recuperación de la geometría original. Las deformaciones acumuladas forman parte de su historia constructiva y de su relación con el terreno. Por ello, los muros se estabilizan en su situación actual.

 

La fachada sur, la más afectada por los desplomes, se refuerza mediante un sistema de tirantes y triangulaciones de acero inoxidable que absorben los empujes derivados de la inclinación de los muros. Estos elementos trabajan exclusivamente a tracción y se tensan lo justo para entrar en carga, sin introducir esfuerzos adicionales en la fábrica existente. Las grietas principales de las fachadas y del ábside se cosen con grapas metálicas y se sellan posteriormente con ladrillo cerámico macizo y mortero de cal, materiales compatibles con los originales. El sellado se extiende a las coronaciones de los muros para protegerlos de la acción directa del agua y la humedad.

 

  

El arco 

El arco cerámico interior constituye uno de los elementos estructurales más delicados del edificio. Se trata de un arco rebajado cuya clave ha perdido gran parte de su sección resistente como consecuencia de los desplazamientos de los muros laterales. Antes de la intervención, se mantenía de forma casi milagrosa gracias a una porción minúscula de la clave que seguía absorbiendo las compresiones.

 

La intervención contempla la reconstrucción parcial de la clave mediante capas de ladrillo cerámico colocadas de plano y mortero de cal, diferenciando claramente la nueva fábrica de la preexistente. El refuerzo se completa con conectores de fibra de carbono ocultos, que mejoran la cohesión interna del detalle. Durante la ejecución se han realizado apeos puntuales para garantizar la seguridad y el control del proceso.

 

La metodología de trabajo se apoya en sistemas convencionales de andamios, actuando principalmente desde el interior de la nave. Las intervenciones desde el exterior se han reducido a puntos concretos para la colocación de anclajes y grapas. Este planteamiento ha permitido una lectura continua del edificio durante la obra y ha facilitado la adaptación de determinadas decisiones a las condiciones reales que se iban revelando. Sobre la espadaña, elemento visible y característico del perfil de la capilla, se interviene durante la ejecución reconstruyendo la coronación a dos aguas con las mismas piezas cerámicas encontradas en el lugar. 

 

Permanencia en el territorio 

La consolidación de la Capilla de Sant Jaume de Castelló asume que el edificio ha perdido su función original y que su valor actual reside en otra condición: la de estructura expuesta, atravesada por el tiempo y todavía capaz de articular una relación entre memoria, arquitectura y territorio. En un contexto donde gran parte del patrimonio rural queda relegado a la invisibilidad, este proyecto opta por una posición deliberadamente austera, aceptando la ruina como estado permanente.

 

La capilla permanece integrada en el conjunto del Mas de Sant Jaume de Castelló y en el recorrido histórico hacia Montserrat, accesible y abierta al territorio, sin convertirse en un recinto museizado. Su presencia continúa siendo discreta, pero significativa: un punto fijo en el paisaje que recuerda que la historia también se construye a partir de arquitecturas menores, integradas en su historia y en el territorio.

 

Esta consolidación sitúa la consolidación de una arquitectura fuera de una lógica de la reutilización inmediata. El proyecto desplaza la atención desde la función hacia la permanencia, asumiendo la ausencia de programa como una condición de partida.

 

La intervención se limita a sostener un equilibrio construido a lo largo de siglos y a aceptar que, en determinados contextos, la conservación sin fines restaurativos permite que un edificio continúe existiendo y vinculándose al territorio que lo ha generado.

Procesos

Materiales y técnicas que se han empleado en este proyecto.

Dibujos técnicos

Fotos de la obra

Obra Capilla Sant Jaume de Castelló  Lugar Olesa de Montserrat  Cliente Privado  Arquitectos Elisabetta Quarta Colosso y Josep Baquer i Sistach Constructora Harmony s.l.u. Superficie construida 89,00 m2  Año 2025  Fotos Milena Villalba

Pinturas de cal

La cal aérea a la base de las pinturas de cal se obtiene por descomposición de las rocas calizas usando el agua como disolvente. El resto de componente está constituido por polvo de mármol, resinas naturales y otros aditivos estabilizantes. La cal es funguicida y antiséptica debido a su composición alcalina que impide la formación de algas y hongos. También es impermeable, ya que penetra en las porosidades del material sobre el cual se aplica, hidrofugando los poros y evitando la entrada de humedad hacia el interior. Las mismas características hacen que sea apta para revestimientos exteriores; cuanto más tiempo se encuentra expuesta a las intemperies el proceso de carbonatación superficial hace que su superficie se endurezca cada vez más.

Argila (revoco)

El barro es uno de los materiales de construcción más antiguos y ampliamente disponibles en la naturaleza desde la antigüedad. Nos brinda multitudes de texturas minerales y colores diferentes que pueden ser empleados con diferentes técnicas.
Como revoco interior actúa como regulador de la humedad del aire y tiene la capacidad de absorber sustancia toxicas purificando el aire. También neutraliza los malos olores.
Se puede aplicar con textura fina o gruesa y los colores disponibles son casi infinitos, dependiendo del cromatismo de la argila que se utilice.

Antes de ejecutar el cavado final se mezcla la arcilla con paja, con arena o con paja y arena para obtener una base más gruesa que asuma las deformaciones y movimientos de la pared y no las trasmita al acabado final, menos plástico. El soporte sobre el cual se aplica el revoco se tiene que mojar, para favorecer la adherencia entre los materiales. La capa final del revoco más fina, se puede pulir pasándole encima con llanas de acero flexibles o con esponjas

Equilibrio entre personas, naturaleza y edificios

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