El patio de Simone
Reforma biocompatible de una planta baja en Barcelona
- 100 m2
- 2025
- Barcelona
En una planta baja del centro de Barcelona, un antiguo local se transforma en refugio doméstico. El patio de Simone desplaza el protagonismo de la calle hacia el interior, convirtiendo un jardín íntimo en el verdadero corazón de la vivienda. Sombra, materia y vegetación construyen una experiencia sensorial única, a través de una paleta de materiales naturales y estrategias bioclimáticas. El proyecto propone una nueva forma de habitar la ciudad desde la calma y la conexión con lo esencial.

Detalles del proyecto
En el corazón de Barcelona, una planta baja con patio interior se transforma en un pequeño oasis urbano. La reforma da lugar a espacios donde la arquitectura bioclimática y la conexión con la naturaleza son la esencia del bienestar de quienes los habitan. El encargo partía de una voluntad clara por parte de la propiedad: crear un nuevo escenario donde elevar su calidad de vida a través de un rediseño integral. El volumen original, un antiguo local largo y estrecho, se organizaba en un espacio principal abierto a la calle, un patio cuadrado fragmentado por divisiones y una segunda estancia aislada al final de la parcela.
El proyecto nace de la observación atenta de las criticidades existentes.
La falta de ventilación, la escasa entrada de luz natural y la desconexión entre los espacios eran las limitaciones principales. Desde el primer momento quedó evidente que el patio sería el elemento clave del proyecto. La intervención invierte la lógica original, una sucesión de habitaciones proyectadas hacia la calle, y desplaza el centro de gravedad hacia el interior. El patio se convierte en el corazón de la casa: un espacio verde que otorga vida, luminosidad y continuidad espacial a todas las estancias.
La secuencia doméstica comienza en el recibidor, concebido como un filtro entre la calle y la parte más privada de la vivienda. Antes completamente ciego, se transforma en un espacio contenido e íntimo gracias a nuevas aberturas que permiten la entrada de luz tamizada y ventilación natural.
A partir de aquí, la vivienda se organiza mediante una percepción progresiva de las estancias que no se muestran de forma inmediata; se descubren. Cada espacio se percibe a través de reflejos y transiciones suaves, generando una secuencia espacial pausada y contemplativa. En una ciudad acostumbrada a la luz mediterránea, esta vivienda reivindica utilizar la sombra como materia arquitectónica para construir una experiencia doméstica íntima y profundamente sensorial.
Dos grandes paneles correderos separan el estudio del recibidor y la cocina. Definido por superficies en tonos verde oscuro y una iluminación difusa, este espacio se concibe como el más introspectivo de la vivienda e invita a la concentración, reduciendo estímulos visuales innecesarios.
A medida que se avanza hacia el patio, la luminosidad creciente roza las superficies, devolviendo pequeños destellos que guían durante el recorrido. Antes de llegar al exterior, la cocina, el comedor y la sala de estar se integran en un ambiente único que se vuelca al exterior mediante grandes superficies acristaladas. La sala de estar se sitúa intencionadamente al mismo nivel que el jardín, reforzando una relación directa entre interior y exterior basada en la continuidad visual y material que diluye los límites sin perder la sensación de recogimiento.
El patio se concibe como una auténtica extensión de la vivienda. Su diseño refuerza la idea de oasis urbano: un lugar de calma, privacidad y contacto con la naturaleza en pleno contexto urbano. La vegetación, entendida como una selva domesticada, filtra la luz y acompaña el ritmo pausado del interior, reforzando la dimensión intimista del proyecto.
Concebido como una experiencia sensorial integral, el diseño del patio activa de manera sutil los cinco sentidos. La vista se ve envuelta por una paleta dominada por los verdes profundos de la vegetación, en diálogo con el color vibrante de los paramentos. El sonido del agua, generado por una pequeña fuente situada en el corazón del jardín, introduce una cadencia serena que acompasa el espacio. El tacto se descubre a través de una secuencia de texturas naturales: la tierra vegetal, las piedras del recorrido y la calidez de la madera de iroko en las carpinterías. El olfato se impregna del aroma de la tierra húmeda y de las flores que emergen entre la vegetación. Incluso el gusto encuentra su lugar en las plantas aromáticas que se cultivan en un rincón, reforzando la idea del patio como un oasis doméstico multisensorial.
En un nivel ligeramente elevado respecto al patio se encuentra la suite, que mantiene una relación directa con el exterior a través de un cerramiento acristalado que ocupa todo el frente sureste. Una partición translúcida separa el dormitorio del baño principal, permitiendo que la luz natural atraviese la vivienda hasta su punto más lejano. Aquí un lucernario cenital aporta iluminación natural y favorece la ventilación.
La selección de los materiales responde a una lógica de contención y honestidad. Pizarra, arcilla, madera de cedro y roble configuran una paleta natural y cálida donde las superficies buscan matizar y devolver la luz con sutileza. Son materiales que refuerzan una idea de belleza ligada al paso del tiempo y al tacto frente a lo puramente visual, invitando a una experiencia sensorial completa, donde el cuerpo percibe el espacio tanto como la mirada. La pintura de silicatos, elaborada a partir de pigmentos minerales, permite que los muros respiren y aporta una textura mate que sugiere calidez. Las superficies de madera de cedro, roble e iroko se protegen con ceras naturales y lasures.
El proyecto recupera elementos preexistentes como el suelo original de pizarra, previamente oculto bajo un parquet sintético, que ha sido restaurado para devolver al espacio su materialidad original. Del mismo modo, las vigas de madera se redescubren tras la eliminación del falso techo y un proceso de decapado con chorro de arena, permitiendo que la estructura tenga un rol significativo en el espacio interior. El cabecero de la cama en la suite se resuelve mediante paneles de corcho texturizado sobre una base de madera, incorporando un material ligero y con un aroma característico que refuerza la atmósfera sensorial del conjunto.
En este proyecto, la biocompatibilidad no se ha planteado como un atributo técnico añadido, sino como una condición esencial. Cada decisión, desde la distribución hasta la iluminación, la elección de materiales y el diseño del jardín, responde a una visión integral del habitar, donde sostenibilidad, salud y estética forman un todo indivisible.
Explicaciones técnicas (arq. bioclimática)
El proyecto incorpora una serie de estrategias bioclimáticas pensadas para mejorar el confort interior y optimizar el comportamiento ambiental de la vivienda sin alterar su relación con el entorno construido. Las decisiones se centran en intervenciones precisas y localizadas, priorizando la eficacia y las intervenciones miradas.
Aislamiento
La cubierta de la zona suite se ha aislado para resolver los problemas de sobrecalentamiento detectados durante los meses cálidos. Aunque se ha estudiado la posibilidad de aislar la totalidad de la envolvente, esta opción se acabó descartando al tratarse de una vivienda en planta baja entre medianeras, donde el impacto de la medida resultaba limitado frente a otras estrategias adoptadas.
Ventilación natural
La ventilación natural se refuerza mediante la incorporación de nuevas aperturas en la fachada sureste hacia la calle, favoreciendo una ventilación cruzada que conecta los dos extremos de la vivienda. Este sistema establece un recorrido continuo del aire entre el acceso, el baño de la suite y el patio central, que en primavera y verano funciona como una chimenea térmica: el aire caliente asciende y se evacua de forma natural, mejorando la calidad ambiental y reduciendo la necesidad de sistemas mecánicos.
Recogida de aguas pluviales
Como parte del enfoque sostenible del proyecto, se ha integrado un sistema de recogida de aguas pluviales aprovechando la excavación del jardín y el trazado de las instalaciones. Un depósito subterráneo recoge el agua procedente de la cubierta de la suite y del propio jardín, que se filtra y decanta antes de ser oxigenada mediante una pequeña fuente. El agua almacenada se reutiliza para el riego, cerrando un ciclo eficiente y discreto que refuerza la autosuficiencia del conjunto.


































