Torre de Santa Margarida de Valldonzella, Collserola, Barcelona.
Consolidación de la Torre de Santa Margarida de Valldonzella,
Collserola, Barcelona.
- 805 m2
- 2025
- Collserola, Barcelona

Detalles del proyecto
Las ruinas como punto de partida.
El conjunto del antiguo monasterio cisterciense de Santa Margarida de Valldonzella se presenta hoy como una arquitectura fragmentaria, profundamente erosionada por el tiempo, el abandono y la presión constante del medio natural. El proyecto de consolidación asume la ruina como materia viva: un estado cargado de información histórica y constructiva capaz de orientar una intervención arquitectónica contemporánea basada en la contención y el respeto por la complejidad preexistente.
El enclave se sitúa en el Parque Natural de Collserola, dentro del término municipal de Barcelona, en un ámbito de fuerte pendiente y vegetación densa. A una cota aproximada de 185 m s. n. m., el conjunto ocupa una parcela de más de 52 hectáreas, marcada por desniveles significativos en dirección norte-sur.
Desde el inicio, esta condición introduce una tensión fundamental entre arquitectura y paisaje: intervenir implica negociar simultáneamente con la topografía, la vegetación y las trazas de ocupación histórica que han ido modelando este lugar desde el siglo XI.
La consolidación no puede desligarse de esta relación. Más que un objeto aislado, la Torre de Santa Margarida se entiende como parte de un sistema territorial donde las preexistencias construidas, el entorno natural y los recorridos forman un conjunto indisociable.
Superposición histórica y lectura del conjunto.
Santa Margarida de Valldonzella no es un edificio, sino un sistema complejo de edificaciones que se han ido superponiendo y transformando a lo largo de los siglos. El origen del enclave se sitúa en una pequeña ermita medieval, probablemente románica, adosada a la roca y construida con muros de gran espesor de mampostería de piedra. Este primer volumen dio lugar a la implantación de una comunidad femenina de la orden del Císter, activa desde el 1226 hasta el 1269, que desarrolló el monasterio en un emplazamiento contiguo a la ermita original.
Tras el abandono monástico, probablemente en el siglo XVII, en el contexto de la Guerra de los Segadores, el conjunto inició una nueva etapa de transformaciones. Las antiguas dependencias religiosas se adaptaron progresivamente a usos agrícolas y residenciales, consolidándose entre los siglos XVIII y XIX como una masía cerrada característica de la arquitectura rural catalana. Esta evolución dejó una arquitectura híbrida, en la que conviven lógicas constructivas y funcionales muy diversas.
El conjunto conocido hoy como Torre de Santa Margarida integra así restos de la ermita primitiva, la nave de la iglesia monástica de planta rectangular, una torre mirador desarrollada entre los siglos XVI y XVII, cuerpos residenciales de distintas alturas y el recinto amurallado.
A ello se suman elementos propios del uso agrícola, como dos balsas de riego adosadas a diferentes fachadas, la era, una explanada de acceso delimitada por un muro de contención de piedra y una antigua mina de agua próxima al camino de acceso.
Esta acumulación de capas históricas ha generado una arquitectura fragmentaria, donde muros de mampostería de piedra local conviven con fábricas de tapia, forjados de vigas de madera, revoltones cerámicos, cubiertas de teja y soluciones mixtas propias de distintas épocas.
El proyecto parte de una lectura atenta de esta estratificación, evitando jerarquías y asumiendo la coexistencia de sistemas, épocas y técnicas como uno de los principales valores patrimoniales del conjunto.
Estado de conservación y diagnóstico.
El estado actual del recinto es el resultado de décadas de abandono y de colapsos sucesivos, especialmente tras el hundimiento de cubiertas y forjados a inicios del siglo XXI. Se tiene constancia de que el conjunto quedó definitivamente abandonado en el siglo XX y de que, en el año 2003, varias edificaciones sufrieron derrumbes parciales significativos. Desde entonces, el proceso de degradación se ha acelerado de forma notable.
La pérdida de las estructuras horizontales ha dejado los muros portantes sin arriostramiento, provocando desplomes, fisuración generalizada y un elevado riesgo de desprendimientos.
A ello se suma la acción invasiva de la vegetación, que ha acelerado la degradación de las fábricas y alterado las cotas originales de pavimentos mediante la acumulación de escombros.
Más allá de las patologías materiales, el diagnóstico inicial pone de relieve una problemática central: la desaparición de las relaciones estructurales que daban sentido al sistema constructivo original. Consolidar, en este contexto, significa restituir las condiciones mínimas que permitan la permanencia de lo existente sin falsear su condición de ruina.
Criterios de intervención
Consolidar sin reconstruir
El proyecto se sitúa deliberadamente en un terreno intermedio entre la conservación arqueológica y la rehabilitación arquitectónica. Esta posición se concreta en una estrategia selectiva: se refuerzan y estabilizan aquellos elementos considerados esenciales para la lectura volumétrica y estructural del conjunto, mientras que se aceptan derribos parciales allí donde la conservación supondría una actuación desproporcionada o carente de sentido patrimonial.
Este posicionamiento se traduce en varios principios operativos:
- La estabilidad estructural como criterio rector, por encima de cualquier voluntad reconstructiva.
- La ruina legible, manteniendo arranques de muros y trazas en planta que permitan comprender la distribución original.
- La compatibilidad material, empleando morteros de cal, piedra y cerámica recuperada y evitando soluciones ajenas al comportamiento de las fábricas históricas.
- La claridad entre lo existente y lo añadido, evitando mimetismos y explicitando el carácter contemporáneo de las nuevas incorporaciones.
- La reversibilidad y mínima invasividad de las actuaciones.
- La sostenibilidad entendida como reutilización, incorporando materiales procedentes de los propios derribos.
La tapia como materia crítica
Uno de los aspectos centrales del proyecto es la consolidación de las estructuras de tapia, presentes en varios cuerpos del conjunto, especialmente en las fachadas a oeste. La tapia se convierte en materia crítica de proyecto, tanto por su fragilidad estructural como por su elevado valor histórico y constructivo.
La intervención sobre estos muros se plantea desde el conocimiento profundo de su comportamiento mecánico y de sus patologías específicas, desarrollando soluciones de refuerzo y protección compatibles con el material original. La colaboración con especialistas en este ámbito ha permitido abordar las estructuras desde una lógica de continuidad, evitando sustituciones innecesarias y preservando su autenticidad.
Intervenciones: dispositivos de estabilidad
Las actuaciones proyectadas pueden leerse como acciones vueltas a la estabilidad de los edificios creando las condiciones para una futura rehabilitación.
En la ermita de Santa Margarida, la intervención se centra en la limpieza integral de la vegetación, la recuperación de las trazas murarias y la consolidación de la fachada principal mediante apeos metálicos visibles, dimensionados para resistir acciones eólicas significativas. Estos elementos, lejos de ocultarse, explicitan el carácter técnico y provisional de la intervención.
En la única nave, la recuperación parcial de la cubierta a dos aguas responde a un criterio de protección frente a la intemperie más que a la restitución formal de una imagen acabada.
Se consolidan los muros perimetrales, se recuperan los pavimentos originales visibles y se reabre el acceso a oeste, reforzando la lectura volumétrica del edificio.
La torre de la galería superior se estabiliza mediante la introducción de diafragmas estructurales coincidentes con las cotas de los antiguos forjados. Resueltos con sistemas mixtos de acero y losa colaborante, estos diafragmas restituyen rigidez al volumen sin reconstruir los forjados originales, manteniendo los vacíos como parte esencial del relato arquitectónico.
La fachada oeste, por su valor material, se refuerza mediante contrafuertes discretos y sistemas de apeo interior que corrigen los desplomes existentes. Los coronamientos, especialmente en los muros de tapia, se protegen mediante remates cerámicos que garantizan la durabilidad de las fábricas originales.
Las actuaciones secundarias incluyen derribos selectivos de añadidos sin valor patrimonial, la limpieza y regularización del patio amurallado, la consolidación puntual de la muralla perimetral y la protección de accesos mediante cerramientos ligeros que evitan entradas no controladas.
Un proyecto abierto
El proyecto de consolidación de Santa Margarida de Valldonzella propone un escenario intermedio: estabilizando las ruinas, se crea una condición de posibilidad.
Posibilidad de visita del conjunto de forma segura, de una lectura arquitectónica clara y de una eventual rehabilitación futura.
En este sentido, la intervención se posiciona como una arquitectura de mínimos, donde el proyecto pone su foco en activar la memoria construida y mantener abierto el diálogo entre ruina y entorno.
Obra Torre de Santa María de Valdonzella Lugar Collserola, Barcelona Cliente Ajuntament de Barcelona, Oficina Tècnica de Collserola Arquitectos Elisabetta Quarta Colosso + Josep Baquer i Sistach Superficie construida 805,00 m2 Año 2025 Fotos Milena Villalba


























